jueves, 11 de febrero de 2016

Calidad y evaluación de la producción científica en Venezuela


Álvaro B. Márquez Fernández



LA INVESTIGACIÓN QUE CIRCULA EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

En la sociedad del conocimiento, las políticas de investigación del Estado y de sus instituciones públicas alcanzan un protagonismo sorprendente. Los nuevos roles políticos y sociales de la ciencia y los procesos de producción económica, están cada vez más definidos por el dominio y la influencia del pensamiento científico-técnico. Es de suponer, entonces, que nuestra visión del desarrollo cultural e histórico de las ciencias en las sociedades postmodernas, y las de la precaria modernidad latinoamericana, sufren un drástico cambio.

Hoy día el gran reto y desafío de la investigación, tanto en las ciencias naturales como en las ciencias sociales, se ve fuertemente afectado y comprometido con esa demanda de conocimientos puesta en circulación a través del mercado global; que privilegia, y no es gratuito este término de élite, un alto nivel de competitividad en los procesos de la productividad científica y sus respectivos resultados cognoscitivos.

Las nuevas relaciones o leyes de la generación de conocimiento científico, se escudan en este momento con ese canto de sirena que convierte las técnicas, los métodos y metodologías de la investigación científica, en casi cualquier campo de las disciplinas y las interdisciplinas, en mera racionalidad instrumental. Son muchos los programas y proyectos de investigación, con los que se han tratado de responder a ese canto para convertir la ciencia en otro proceso más de la economía y sus resultados en objetos de intercambio y consumo tecnológicos.

Muchos suponen que ésa es la vía para el buen desarrollo civilizatorio donde todos deberíamos tener el mismo derecho para la participación. Es un pensamiento compartido por la mayoría de las comunidades científicas internacionales, pero no es un dogma de verdad aceptado por otros que consideran que no son suficientes los resultados "objetivos" de los conocimientos científicos para resolver los grandes y, en más de una oportunidad, contradictorios problemas que viven y enfrentan las sociedades. Porque, precisamente, para responder a las exigencias de un mercado global de conocimientos se requiere por parte del Estado y de otros entes colegiados, de una significativa inversión económica que favorezca esa alta tasa de productividad creativa que necesita la investigación científica para avanzar.

Necesariamente la sociedad del conocimiento requiere de capitales humanos y éstos solamente pueden participar en la inversión científica del desarrollo de la sociedad, si están claramente establecidas las reglas de un juego donde la mayoría participe y desaparezcan las exclusiones.
En tal sentido, la investigación que circula, que se coloca en esa red de interacciones ciberespaciales que define a la sociedad de conocimiento, requiere del reconocimiento no solo por parte de sus "pares"; sino también, de la escucha y el habla de un colectivo social que disponga de tecnologías para interactuar cada día con mayor libertad, a través de principios éticos y liberadores del universo de los descubrimientos científicos. Esto estará asociado a actividades emprendedoras, innovadoras, cooperativas, solidarias, entre los creadores del conocimiento y sus usuarios.

QUÉ INVESTIGA Y QUIÉN ES EL INVESTIGADOR

Para lograr esos fines se requiere desarrollar e incentivar un modo de producir, es decir, de hacer "ciencia"; y, de una clase o elite intelectual dedicada a esa producción y creación de conocimientos y de tecnologías. En este sentido, lo que siempre se ha entendido por "investigación científica" traspasa cada vez más las fronteras estrictas de las ciencias. Las relaciones entre la ciencia y sus diversas contextualidades, la del investigador y su rol político o responsabilidad ética, debieran estar suficientemente marcadas en la elaboración de los conocimientos científicos.

La pregunta tan reiterativamente formulada y de igual manera tan mal respondida: qué investigar y para quién investigar, está a la espera de una sensata y reflexiva respuesta.
Este punto de partida nos lleva enseguida a un punto de llegada que debemos analizar muy críticamente; sobre todo, en el escenario universitario y público donde muchos investigadores intentan realizar una acción y un acto que consideran puede legitimar sus pretensiones de estar realizando investigación científica. Es decir, existe la necesidad de ser lo suficientemente conscientes para saber y entender en qué consiste la producción del conocimiento, al menos en sus medios y fines.

Sin esa perspectiva de la realidad de nuestra actividad científica e intelectual, los procesos y resultados de la ciencia bien pudieran estar muy separados y distanciados de los criterios y principios políticos, sociales y económicos, éticos, de lo que es y significa esta actividad y esos actos en los que registramos nuestra experiencia de lo que es el telos de las investigaciones científicas.

Me parece de extrema importancia, revisar estas referencias para entonces situarnos frente a los problemas y soluciones, los conflictos y alternativas, discusiones y opiniones, sobre lo que consideramos pueda ser el sentido y significado de nuestras investigaciones de frente a la realidad que nos desafía con sus problemas. La calidad de éstas, bien puede representar un indicador para una reflexión en voz alta, donde la mayoría no solo escuche sino que participe en esa toma de decisiones que pueden contribuir a avanzar y superar los estrechos criterios de lo que es la cientificidad y los procesos materiales, físicos, etc., que entran a formar parte de la producción de los conocimientos científicos.

En el marco de estas ideas sobre el estado actual de la producción de saberes y conocimientos científicos en la sociedad (global) de conocimiento, nos parece oportuno evaluar y diagnosticar lo que podríamos entender por los procesos productores de conocimientos, que se entienden científicos porque son conocimientos que están directamente relacionados con la transformación de la ciencia que le sirve de fundamento teorético a una particular forma de pensar y producir los conocimientos, y con el desarrollo práctico-social de inéditos momentos de creatividad que nos permiten avanzar en nuevos presupuestos epistemológicos de mayor significación social e histórica.

El horizonte de la investigación científica se orienta en esa dirección: hacia una sociedad de conocimiento y hacia comunidades de investigación, sin las que aquella sociedad no posee sentido ni tiene un futuro humanista posible.

DE LA EXCELENCIA DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA A LA CALIDAD DE LAS PUBLICACIONES CIENTÍFICAS

Cualquier investigación está y se realiza en un complejo orden de relaciones, que debemos considerar para evaluar su pertinencia y viabilidad.

La pertinencia, porque siempre es imprescindible tener razones acerca del campo de la necesidad donde la investigación se inscribe. Si, en efecto, el desarrollo y la culminación de la misma permiten niveles de efectiva transformación de las relaciones en las que la investigación se ha propuesto, y que, sobre todo, incida de manera directa en cambios sobre la realidad tratada e intervenida a corto, mediano y largo plazo. Ninguna investigación se cumple en sí misma, por el contrario, debido a la necesidad de justificar su pertinencia (social, económica, política, etc.), ella se dialéctiza en su propia actualidad y se abre a otros horizontes en los que es necesario redefinir su vigencia.

La viabilidad es la suposición de que la investigación se puede cumplir en un espacio y tiempo. Esa dimensión que va del presente al futuro, y que tan oportunamente nos permite ver el movimiento que debe seguir y debemos impregnar a nuestras hipótesis y a las variabilidades metodológicas necesarias para poder captar lo que es el sentido general y particular de la investigación con respecto a sus objetos y objetivos. La viabilidad es todo un proceso y conjunto de estrategias que nos ponen en curso de ir hacia fines que debemos demostrar pueden ser cumplidos de una u otra manera, y que se construyen y deconstruyen en ese ir hacia dónde la investigación dirige al mismo investigador. Es una relación personal, social y cultural, que sitúa a la investigación en un campo de relaciones posibles, críticas y falibles.
Se requiere por parte del investigador demostrar una experiencia avalada y consagrada por la práctica investigativa. Esta práctica puede estar asociada de algún modo a la cronología y a la biografía que data delpropio mundo del investigador, la institución y la cultura en la que se desenvuelve y es proyectado y reconocido. 

Es decir, el investigador es un personaje de relieve destacado en su área de experticia. No se pueden admitir bajo principio de reciprocidad, similitud o tolerancia, procesos, proyectos, programas, actividades relacionadas con la investigación profesional, que no atiendan ese currículo vitae de un investigador formado competentemente para desarrollar metodologías y un discurso del pensamiento crítico y epistemológico, que le permita indagar con toda solvencia y profundidad en los problemas que se ha planteado y que requieren de originalidad, creatividad y de una hermenéutica particular para interpretar hechos y realidades que deben ser contrastadas por la comunidad de investigación, en la que el investigador debe presentar sus resultados.

Se insiste con estas ideas en que los artículos, monografías, ponencias, ensayos, libros, papeles, notas, etc y etc., solamente para referir la dar a conocer los resultados parciales o totales de sus investigaciones, siempre deben responder a un nivel de la más alta calificación que debe poseer el investigador. A este nivel de alta competencia profesional, un investigador está necesariamente asociado y/o adscrito a diversos órganos de difusión de investigaciones científicas de la que él forma parte directa o indirectamente.

No hay mayor novedad en esa relación entre las labores de investigación del investigador y las publicaciones periódicas, indexadas y arbitradas de le sirven de vaso comunicante. Es más, uno y otro se relacionan hasta la identificación. Se asume de esta manera que las investigaciones que se adelantan están enmarcadas en el paradigma de la racionalidad epistémica que orienta a estas investigaciones, en un circuito abierto de redes de información y difusión a las que pertenecen las revistas calificadas como especializadas, y que recogen la producción de ese conocimiento para ponerla en un mercado internacional de información y conocimiento por el que transitan para su consulta, lectura, opinión, crítica, observación, los resultados de las investigaciones, en alguno de los formatos editoriales que le sirven de difusión, y que van del artículo especializado a los ensayos generales.

Es imprescindible insistir en este asunto para evitar falsos y malos entendidos. En una sociedad del conocimiento con niveles tan sofisticados de controles y comunicaciones masmediáticas y globalizadoras, no hay espacio para la difusión de conocimientos que no sean efectivamente relevantes y trascendentes. La economía de mercado de los resultados científicos se orienta con respecto al lector en su condición cultural, institucional y gubernamental. No es solamente el prestigio personal aquello que termina siendo un indicador que nos permite saber la procedencia de los conocimientos científicos, como se consideraba en otros momentos. Ahora se trata de establecer desde una perspectiva de integración y asociación, los resultados de las investigaciones científicas que adelanta un investigador que ya no está en estas labores a título personal, sino que a través de él se crean un sistema de interacciones de diversa índole que le permite acceder a un campo de intercambio científico que es representado por otras institucionalidades que son las que permiten los intercambios de conocimientos y el desarrollo de políticas científicas que hacen posible unificar y diversificar recursos humanos y capitales financieros. 

Esto nos permite aclarar de manera directa el impacto de investigaciones que se realizan a este nivel, que están muy alejadas del nombre propio o la publicación esporádica u ocasional sin vinculación alguna con líneas que pertenezcan a un programa o proyecto de investigación. No existe más el investigador en solitario variedad de modalidades de las que se puede valer un investigador para y a la deriva. El oportunista y el convencional. Ese rol de investigador que se fabrica desde una cultura de la investigación que no responde de modo alguno, al desarrollo de una trayectoria personal e institucional que es lo que en definitiva le sirve de aval al investigador, a su comunidad, y a los resultados de sus investigaciones.

Por otra parte, merece cierta atención la formación de investigadores noveles y más todavía la forma o los tipos de investigaciones y de publicaciones de otro orden que aún no pueden ser reconocidas de primer nivel enrevista de igual acreditación y/o calificación, porque estos investigadores deben hacer la debida "carrera profesional" y lograr y cumplir con todos los requisitos de excelencia que les permita el reconocimiento en el tiempo, entre quienes forman parte de la comunidad científica. Eso merece un ejercicio en las actividades y labores investigativas largo y paciente. Lo que se recomienda es que estos investigadores noveles se inicien en programas y proyectos de investigación como auxiliares o co-investigadores bajo la égida de un investigador consolidado o consagrado, que le permita generar la experiencia investigativa tan personalizada como le sea posible. No existe otra manera de lograr los niveles de aprendizaje y de realización en este complejo y difícil arte de la investigación científica. El investigador novel debe iniciar su carrera bajo la asesoría de su tutor o mentor.

Es una tarea disciplinaria y discipular. No se puede iniciar una carrera académica en ningún plano de las posibilidades que ofrece una carrera académica sin la vocación y la orientación necesaria y suficiente sobre lo que implica preparar un recurso humano, que debe enfrentar cognoscitivamente grandes desafíos a su forma de pensamiento y a lógicas discursivas y argumentales, que requieren mucho entrenamiento y capacitación. El hecho de lograr una publicación en una revista internacional avalada y acreditada por los índices e instituciones de reconocido prestigio internacional, debe convertirse entre los investigadores noveles todo un acto de buena fe; es decir, lograr con éxito ese fín después de cumplir los principios elementales de la formación básica y profesional en estos niveles, para después emprender la auténtica carrera de investigador, es decir, de pensador acerca de los problemas que confronta el ser humano frente a los diversos conflictos que deben resolver mientras se desarrolla en sociedad. Estamos en presencia de una cultura dirigida a preparar intelectualmente de la manera más compleja y profunda, a través de algunos largos años, a una persona que en efecto cumple con todos los requisitos que se exigen para el desempeño de esta profesión, pero que además,tenga la suficiente sensibilidad para reconocer el desafío que implica la obtención de estos logros y los medios necesarios para llegar a esos fines.

De una u otra manera, existe una simbiosis entre la investigación y las publicaciones. Entre ambos la reciprocidad y el correlato es obvio y equivalente. Las exigencias y competencia entre el sector de la producciónde conocimientos y la publicación de estos es complementaria. Un buen investigador solamente puede y debe publicar en una buena revista sus investigaciones, y viceversa. Ningún investigador sale de caza paraobtener como premio la publicación de su artículo, en una revista de menor o inferior rango. Existen los baremos respectivos entre los entes de acreditación, valoración y méritos nacionales e internacionales, que orientan las publicaciones de los investigadores en las revista más competentes de sus respectivas áreas de conocimiento.

Cada revista resulta ser una especie de carta de presentación a la comunidad de especialistas a la que estará o deberían estar dirigidos los resultados de las investigaciones que realiza el investigador. Este criterio de pertinencia y de viabilidad solamente puede existir y ser demandado casi democráticamente, en la medida que el investigador tenga las competencias mínimas para acceder a ese dominio de la divulgación científica de sus investigaciones. Es cada vez más éste un requisito sine qua non para el desarrollo profesional de quienes han optado por la profesión de investigadores, en una cultura científica donde las revistas científicas son los medios de comunicación más eficaces, efectivos y eficientes de la transmisión del conocimiento científico, porque en ellas se valora una constante de méritos que tiene que ver con las máximas normas de exigencia profesional, capaces de hacer evidente la calidad de las investigaciones que realiza un investigador. 

Esas competencias se miden a través de ciertos criterios cualitativos y cuantitativos que poseen las diversas revistas de las diversas especialidades donde se ofrecen oportunidades para la publicación de los resultados científicos de las investigaciones. Estos pueden ir desde la redacción hasta la coherencia lógica de las ideas y sus respectivas interpretaciones, a través de conceptos o categorías. Pero se trata acá de resaltar no tanto estos aspectos formales de evaluación de las revistas, sino de puntualizar los aspectos de contenido que debe reunir el investigador a nivel de su formación lo que presupone la exigencia de los requisitos que hemos referido, y que son los que deben corresponderse con el perfil, las características y el prestigio de la publicación que le sirve de medio para lograr la publicación de sus investigaciones. En tal sentido, se mide la importancia del conocimiento que maneja el investigador al interior del público lector-especializado de la comunidad que en cuestión le sirve de alter para contrastar los resultados de las investigaciones. 

No solamente el hecho de publicar en una revista de prestigio, uno de los requerimientos que se le exigen a los investigadores sino que también las consecuencias naturales que tal o tales posibles publicaciones logran en la comunidad de especialistas y profesionales del área. Así que el artículo va más allá de él mismo, y trasciende a otros espacios de interacción en la medida que el mismo está pensado desde una teoría, demostrado desde una metodología, y criticado desde una epistemología. Serían las tres grandes áreas o temas dentro de las que se debería evaluar la producción científica de un investigador a la hora y el momento de serle aceptado un artículo por una revista de reconocido prestigio y nivel intelectual e internacional. No está demás señalar que existe una élite de estas revistas y de estos investigadores, y de estas culturas científicas y de estas comunidades de indagación. No podría ser de otra manera ya que es la única regla de oro que permite valorar en su justa proporción la necesaria e imprescindible relación e interacción entre los proyectos de investigación como proyectos concebidos para un auténtico desarrollo de la investigación científica y la presencia tan necesaria de las revistas científicas como órganos de representación y comunicación de esos resultados científicos.

Entre nosotros los venezolanos y latinoamericanos, todavía hay mucho de esta caracterización cultural que va "De la excelencia de la investigación científica a la calidad de las publicaciones científicas", y que es vital activar para compartir en un rango de igualdades más sincrónicas, y menos aleatorias. Es decir, en respuesta a normas y valores muy directos, que impidan la deformación o perversión profesional a la hora de elegir y seleccionar aquellos artículos, ponencias, etc., que consideramos pudieran ser publicadas en una revista certificada comoAo en una revista B. 

El problema que se nos presenta no es tanto de valoración formal sobre el investigador, su formación profesional, o la presentación en su versión final de los resultados de sus investigaciones. El asunto de fondo y que merece la relevancia del caso, está en lo que es el contenido del aspecto formal. Allí es que debe darse con toda intensidad e intención la evaluación de lo que representa esa investigación y sus resultados al interior de las comunidades de investigación a las que el propio investigador pertenece u otras a las que se quiere dirigir por razones de teoría, método, episteme, disciplina o transdisciplina. 

Estos referentes son indispensables para estimar con criterio de pertinencia y viabilidad la publicación de un artículo o cualquier otra de las modalidades, de manera que pueda darse una verdadera contribución en alguna de las áreas del conocimiento a las que está referida la investigación. Se adolece con frecuencia de estos criterios de exigencia, y de manera muy displiciente se conceden autorizaciones por parte de árbitros o evaluadores de artículos que no tienen ninguna o muy poca relevancia dentro del campo de especialidad de una revista o porque los mismos artículos no llenan las condiciones mínimas como para formar parte de un discurso epistemológico que adelante debates y críticas, opiniones y cuestionamientos, que en verdad sirvan de motivadores y estimulantes para desarrollar el espíritu de argumentación creativa sin la que las investigaciones pierden toda trascendencia de interés práctico con otras áreas de las ciencias naturales o sociales. Se trata, entonces, de normar criterios y principios que efectivamente permitan avalar las investigaciones y sus resultados científicos, desde una comunidad de investigación que sepa asumir los acuerdos y consensos, porque sin éstos es imposible darle la direccionalidad que merece la investigación de acuerdo a su calidad y a la responsabilidad ética y política, social y económica, que está implica y que porta el investigador al momento de querer que se entienda y se interprete su obra en el contexto en el que ésta asume su sentido y su significado.

Demás está señalar y destacar lo que regularmente es una verdad de hecho normativa, en cierto tipo de investigaciones que se presenta para su publicación.Todo ese mundo de normas generales y específicas a las que ya hemos hecho alusión quedan suspendida por una "epojé" fenomenológica, que no intenta en modo alguno verificar algún criterio ya establecido por un supuesto básico: es decir, en una palabra, que el artículo (u otro), cumpla con las normas mínimas de escritura, gramática, etc., y todos esos factores de carácter formal, repetimos, sin los que no hay posibilidad de presentar una estructura formal, material, física, coherente del artículo.

Se trata en su sentido más complejo y profundo, de algo muy diferente. Más allá de estos cumplimientos, se trata de estar en presencia de una investigación que ya supone el dominio de los aspectos señalados con anterioridad, y que pueda pasar directamente a la estructura de fondo que implica graves niveles de reflexión e interpretación por parte de los árbitros de los asuntos tratados desde el punto de vista de los procesos de investigación filosófica, política, social, que están en el debate de las respectiva ciencias sociales. Cualquier otro planteamiento resultaría realmente irrelevante para el interés de la comunidad de investigación cuya cultura epistemológica obliga a las revistas a publicar artículos y demás formas posibles, trabajos que representen un avance en el orden de conocimientos propuestos: es decir, es un ir del conocimiento de lo dado hacia delante con todo lo que de caos e incertidumbre eso supone. Al menos esto es lo que vemos y leemos en revistas de alto impacto científico, por su gran impacto comunicativo y de contenido material del conocimiento científico.

sábado, 31 de octubre de 2015

¿Qué es la redacción científica?*

Autor: Robert Day 


Exponga sus hechos tan sencillamente como pueda, incluso audazmente.
Nadie espera flores de elocuencia ni ornamentos literarios en
un artículo de investigación. R. B. MCKERROW







Necesidad de la claridad


La característica fundamental de la redacción científica es la claridad. El éxito de la experimentación científica es el resultado de una mente clara que aborda un problema claramente formulado y llega a unas conclusiones claramente enunciadas. Idealmente, la claridad debería caracterizar todo tipo de comunicaciones; sin embargo, cuando se dice algo por primera vez, la claridad es esencial. La mayoría de los artículos científicos publicados en nuestras revistas de investigación primarias se aceptan para su publicación precisamente porque aportan realmente conocimientos científicos nuevos. Por ello, debemos exigir una claridad absoluta en la redacción científica.

Percepción de las señales

Sin duda, la mayoría de las personas habrá oído esta pregunta: si un árbol cae en un bosque y no hay nadie que lo oiga caer, ¿hace ruido? La respuesta correcta es “no”. El sonido es algo más que “ondas de presión” y, en realidad, no puede haber sonido sin un oyente. De igual modo, la comunicación científica es un proceso en dos sentidos. Lo mismo que una señal de cualquier clase resulta inútil mientras no se perciba, un artículo científico publicado (señal) resulta inútil si no es recibido y entendido por el público a que se destina. Por ello, podemos reformular el axioma de la ciencia: un experimento científico no está completo hasta que sus resultados se han publicado y entendido. La publicación no será más que “ondas de presión” si el documento publicado no se comprende. Hay demasiados artículos científicos que caen en el silencio de los bosques.

Comprensión de las señales

La redacción científica es la transmisión de una señal clara al receptor. Las palabras de esa señal deben ser tan claras, sencillas y ordenadas como sea posible. La redacción científica no tiene necesidad de adornos ni cabida para ellos. Es muy probable que los adornos literarios floridos, las metáforas, los símiles y las expresiones idiomáticas induzcan a confusión, por lo que rara vez deben utilizarse al redactar artículos de investigación.

Sencillamente, la ciencia es demasiado importante para ser comunicada de cualquier otra forma que no sea con palabras de significado indudable. Y ese significado indudable y claro debe serlo no solo para los colegas del autor, sino también para los estudiantes que acaban de iniciar su carrera, para los científicos de otras disciplinas y, especialmente, para los lectores cuya lengua nativa no es la misma del autor. [Esto último es particularmente aplicable al idioma inglés.]. Muchas formas de escritura se destinan al entretenimiento. La redacción científica tiene una finalidad distinta: comunicar nuevos descubrimientos científicos. Por esta razón, debe ser tan clara y sencilla como sea posible.

El lenguaje de los artículos científicos

Además de la organización, el segundo ingrediente principal de un artículo científico debe ser un lenguaje apropiado. En este libro, subrayo continuamente el uso correcto del lenguaje,1 pues creo que todos los científicos deben aprender a utilizarlo con precisión.

Si el conocimiento científico es, por lo menos, tan importante como cualquier otro, debe comunicarse eficazmente, con claridad y con palabras de significado indudable. Por ello, el científico, para tener éxito en sus esfuerzos, debe ser culto. David B. Truman, cuando era Decano del Colegio Universitario de Columbia, lo dijo muy bien: “En las complejidades de la existencia contemporánea, el especialista que está capacitado pero no educado y que está técnicamente calificado pero es culturalmente incompetente, constituye una amenaza”.

Aunque el resultado final de la investigación científica tiene que ser la publicación, siempre me ha asombrado que haya tantos científicos que descuidan las responsabilidades que esa publicación entraña. Un científico puede invertir meses o años de duro trabajo para obtener datos, y luego, despreocupadamente, dejar que una gran parte del valor de esos datos se pierda por falta de interés en el proceso de comunicación. El mismo científico que superará obstáculos formidables para realizar mediciones hasta de cuatro cifras decimales, permanecerá impasible mientras su secretaria cambia con despreocupación los microgramos por mililitro en miligramos por mililitro y el tipógrafo los transforma de cuando en cuando en libras por tonel.

El lenguaje no tiene por qué ser difícil. En la redacción científica decimos: “El mejor lenguaje es el que transmite el sentido con el menor número posible de palabras” (aforismo que apareció durante algunos años en las “Instrucciones a los autores” de la Journal of Bacteriology). Los juegos literarios, las metáforas y todo eso hacen que la atención se desvíe de la sustancia al estilo. Deben usarse rara vez, si acaso se usan, en la redacción científica.



*Tomado de: Cómo escribir y publicar trabajos científicos de Robert Day (2005)

lunes, 28 de septiembre de 2015




EPISTEMOLOGÍA:  MARCO HISTÓRICO-FILOSÓFICO
(Parte II)




Con Bacon se inició la nueva era de la ciencia moderna, a partir de la crítica a fondo de las verdades reveladas y definitivas de la etapa medieval basadas en los "criterios" de la tradición y la autoridad, conjuntamente con el aporte de nuevas pautas para la articulación del método científico, incluyéndose el primer grupo de reglas de lógica inductiva formuladas. Esta línea es reforzada por Locke, a través de su crítica al dogma extremo-racionalista del acceso al conocimiento por vía intuitiva y su propuesta argumental de que  todo conocimiento proviene de la experiencia tanto interna (cuando la mente refleja sus propias actividades) como externa  reconociendo la posibilidad de errores de los sentidos y rechazando, por ello, todo conocimiento absoluto del mundo físico.
Al igual que Locke, Berkeley sostiene  que el conocimiento se sustenta en ideas, aun cuando rechazó su creencia en la distinción ideas-objetos. A diferencia de Berkeley, David Hume no aceptó que el conocimiento consistía tan sólo en ideas  y estableció dos formas del mismo: el que se encuentra en las matemáticas y la lógica, exacto y certero pero no informativo sobre el mundo y el de la realidad originado en la percepción. Aporte trascendental y revolucionario para la ciencia y la epistemología, es su propuesta sobre la sustentación del conocimiento en la relación causa-efecto, excluyendo con esto a las leyes de la ciencia dentro del conjunto de las verdades definitivas y absolutas.
Las ideas de Locke y Hume, generaron una crisis que se vio expresada en la dicotomía racionalismo-empirismo, ante la cual Inmanuel Kant propuso una solución en la que combinaba elementos del racionalismo con algunas tesis procedentes del empirismo, coincidiendo con el racionalismo en las posibilidades del conocimiento exacto y certero y con los empiristas al mantener que dicho conocimiento es más informativo sobre la estructura del pensamiento que sobre el mundo que se halla al margen del mismo. En ese sentido distingue tres tipos de conocimiento: analítico a priori, exacto y certero pero no informativos; sintético a posteriori, que transmite información sobre el mundo aprendido a partir de la experiencia y sujeto a los errores de los sentidos y sintético a priori, que se alcanza intuitivamente, siendo exacto y certero debido a que expresa las condiciones necesarias que la mente impone a todos los objetos de la experiencia. Este aporte abre un debate aun no resuelto sobre la existencia o no de ese conocimiento sintético a priori.
Durante el siglo XIX, George Wilhelm Friedrich Hegel se alinea en la afirmación racionalista de que el conocimiento certero de la realidad puede alcanzarse con carácter absoluto en una equiparación del pensamiento, de la naturaleza y de la historia, generando un interés significativo por la historia y el enfoque histórico del conocimiento realzado posteriormente por Herbert Spencer en Gran Bretaña y la escuela alemana del historicismo. Junto con Auguste Comte, Spencer enfatiza la importancia de la sociología como una rama del conocimiento, aplicando los principios del empirismo al estudio de la sociedad.
El empirismo se extiende a través de una variante en la cual se propone que el conocimiento es un instrumento de acción y que todas las creencias tenían que ser juzgadas por su utilidad como reglas para predecir las experiencias. Esta variante es el pragmatismo norteamericano representado por filósofos como Charles Sanders Pierce, William James y John Dewey a principios del siglo XX. Paralelamente a este hecho, en el ámbito mundial se lleva a cabo una discusión a fondo de los problemas epistemológicos, comenzando a dividir sutilmente a las distintas escuelas de pensamiento, prestándose especial atención a la relación acto de percibir-objeto percibido de una forma directa-lo que se puede decir que se conoce como resultado de la propia percepción.
De ello surge que: 1) los representantes de la fenomenología sostienen que los objetos de conocimiento son los mismos que los objetos percibidos; 2) los neo-realistas afirman que se  tienen percepciones directas de los objetos físicos o partes de los objetos físicos en vez de los estados mentales personales de cada uno; 3) los realistas críticos mantienen que aunque se perciben sólo datos sensoriales, como los colores y los sonidos, éstos representan objetos físicos sobre los cuales aportan conocimiento.






Edmund Husserl desarrolla un método para enfrentarse al problema de clarificar la relación entre el acto de conocer y el objeto conocido, diseñando de esa manera una forma de accionar a la que denominó fenomenología, por medio de la cual se puede distinguir cómo son las cosas a partir de cómo uno piensa que son en realidad, a los fines de llegar a una comprensión más precisa de las bases conceptuales del conocimiento.
La Escuela de Frankfurt constituye otro de los avances significativos en el desarrollo histórico de la epistemología en el sentido de que se propone como una teoría crítica de la sociedad, a partir de las ideas de Marx y a partir de dos ejes críticos básicos: 1) la reducción formal de la libertad y la igualdad, según las enseñanzas del materialismo histórico y 2) su oposición a la masificación degradante del hombre (Del Palacio, 2005).
A partir de las ideas de Ludwig Wittgenstein,  en el segundo cuarto del siglo XX surgieron dos propuestas: el empirismo o positivismo lógico, originado en Viena (Círculo de Viena), luego extendido por el mundo y el análisis lingüístico. La primera propugna que todo conocimiento provienen de los datos de los sentidos puestos en contacto con la realidad (Padrón,  2007), requiriéndose, por tanto, establecer una clara distinción entre enunciados analíticos y sintéticos; la segunda, aborda el modo real en que se usan los términos epistemológicos claves, entre los cuales se cuentan los de conocimiento, percepción y probabilidad,  y formular reglas definitivas para su uso con objeto de evitar confusiones verbales.
Aun cuando la evolución de la Epistemología ha tenido en el paradigma cartesiano-newtoniano uno de los principales ejes protagónicos,  se ha demostrado la insuficiencia de este paradigma para la comprensión y análisis de la compleja realidad en la cual se encuentra el conocimiento científico, pues no valoraron "los nexos de interdependencia que tienen los elementos constituyentes de una entidad  y los nexos de diferentes realidades" (Martínez, 1999, p. 113).
En ese sentido, en la actualidad se propugna lo que se denominaría un paradigma emergente, denominado y basado en la complejidad, con una visión transdisciplinar desde la cual, afirma Aguado (2001), se desprenden las siguientes cuestiones de indudable valor para la filosofía de la ciencia: "el problema de las relaciones sujeto-objeto y sujeto-sujeto (en definitiva, el problema esencialmente cognitivo de la relación sujeto-mundo), la cuestión de la autonomía organizacional y el debate sobre determinismo y linealidad, etc." (p. 8).
Como pensamiento complejo la Epistemología “busca ampliar el horizonte de la comprensión de la realidad sin agotarlo, pues el ser humano sólo puede percibir aspectos de la realidad” (Bernal, 2006, p. 34). En ese sentido, debe asumir al conocimiento científico como inacabado y autocorrectivo, más allá del aparato conceptual clásico de la ciencia (objetividad, determinismo, experiencia sensible y cuantificación aleatoria de las medidas, entre otras categorías) (Martínez, 1999).
Ello le permite a la Epistemología constituirse en un concepto complejo y crítico, cuya reflexión acerca de la ciencia va más allá de los componentes lógicos, filosóficos y metodológicos, insertándose en los diferentes contextos y realidades en los cuales se da  la  producción del conocimiento científico, ubicándose en la reafirmación de lo  singular y lo concreto, sin desunir; mezclando en un movimiento dialógico donde interactúan el orden, el desorden, la organización, el contexto y la incertidumbre, sin dar como verdad la particular organización de un conjunto determinado (Andrade, 2002).



Referencias bibliográficas 


Aguado, J.  (2001). Fundamentos epistemológicos del Paradigma de la Complejiad: Información, Comunicación y Auto-organización. Barcelona, España: Cairos. 

Andrade, R. y Otros (2002). El paradigma de lo complejo. Cinta de Moebio nº 14. [En línea]. Disponible en: https://investigacionubv.files.wordpress.com/2012/03/paradigma-complejo.pdf

Gutiérrez, R.  Introducción a la filosofía. Barcelona, España: Esfinge.

Martínez, M. (1999). El Paradigma Emergente. México: Trillas.

Del Palacio, A. (2005). La  escuela de Frankfurt: el destino trágico de la razón. [En línea]. Disponible en: http://www.uam.mx/difusion/revista/abr2005/palacio.pdf

Padrón J. (2007). Tendencias epistemológicas de la investigación científica en el siglo XXI. Cinta de Moebio. Revista de Epistemología de Ciencias Sociales, nº 53[En línea]. Disponible en: http://www.facso.uchile.cl/publicaciones/moebio/index.html

Rivadulla, A. (2005). Filosofía de la Ciencia. Santiago de Chile: Fontamara. 

viernes, 28 de agosto de 2015



EPISTEMOLOGÍA:  MARCO HISTÓRICO-FILOSÓFICO
(Parte I)

José Guerra T. y Otros. 

La dedicación cada vez más intensa que en la actualidad se le da a la ciencia y la diversidad y especialización crecientes de las disciplinas científicas, ha permitido tener un conocimiento cada vez más profundo del mundo que, aparte de la satisfacción intelectual que ello supone, también permite un aprovechamiento práctico de indudable importancia para la vida y la felicidad humana. Los avances en medicina, agricultura, prevención de catástrofes, medios de comunicación, etc, son una referencia cotidiana de cómo una investigación más o menos orientada, más o menos condicionada, produce beneficios para la humanidad. Al margen de estos riesgos, demasiado presentes para ser obviados, se puede convenir que la ciencia investiga el mundo por el afán de conocimiento, por la necesidad de satisfacer la curiosidad que suscita lo que rodea al ser humano,  lo que no ve, pero intuye, y con el objeto de sacar provecho práctico para la vida de la especie y el entorno.




 Desde un punto de vista filosófico, y en un nivel que nada tiene que ver con la divulgación o el periodismo científico, la actividad científica misma y sus productos plantean un número considerable de interrogantes que no interesan primariamente al hombre de ciencia, porque no son preguntas propias de la ciencia real sino de lo que se conoce con el nombre de metaciencia, a saber: las cuestiones que conciernen la definición y clasificación de los conceptos científicos; el problema de los términos teóricos de la ciencia; la naturaleza de las leyes científicas; la estructura lógica, evolución y sustitución de las teorías científicas; la contrastación empírica de las hipótesis y teorías; la lógica de la inferencia científica; la explicación científica; el progreso científico; la fundamentación del conocimiento; el sentido y la referencia de los términos de la ciencia; la verdad, etc.
Estas cuestiones y muchas más, que son las que interesan al filósofo o teórico de la ciencia, constituyen las preguntas de carácter metodológico, lógico, y semántico que agotan el objeto de una disciplina que  ha venido ganando trascendencia para la comprensión de los diferentes elementos, componentes y procesos que se encuentran implícitos en la estructura del conocimiento científico: La Epistemología, que Rivadulla (2005) cataloga como “una disciplina de rango metacientífico: mientras la ciencia investiga el mundo, la  Epistemología analiza la ciencia misma” (p. 11).
Desde la perspectiva de esta definición, se puede afirmar que la Epistemología constituye la Filosofía de la Ciencia, puesto que implica la reflexión y el análisis del conocimiento científico, considerando los diferentes elementos y procesos que se encuentran implícitos y desarrollados en dicho conocimiento. Este planteamiento es reforzado por lo que señalan Byron, Browne y Porter (2000) cuando afirman que la Epistemología “es la teoría filosófica que trata de explicar la naturaleza, variedades, objeto y límites del conocimiento científico” (citados por Bernal, 2006).
Igualmente, se verifica lo expuesto con la definición que expresa Lenk (2000), cuando  cataloga a la Epistemología como “una disciplina filosófica básica que investiga los métodos de formación y aplicación, de corroboración y evaluación de las teorías y conceptos científicos y, a su vez, intenta fundamentarlos y evaluarlos” (Ibídem).
Cada uno de las definiciones anteriormente expuestas viene a ser la expresión de lo que constituye en la actualidad la Epistemología y refleja el resultado de un proceso histórico-filosófico que debe ser debidamente reflexionado y analizado, a los fines de entender la trascendencia e importancia que tiene este concepto para todo lo que tiene que ver con el quehacer científico, sus métodos, técnicas, instrumentos y sistemas de análisis e inferencias, entre otros.
Con relación a lo señalado, es necesario entender que la Epistemología como teoría o filosofía analítica de la ciencia representa la expresión actual de un proceso de desarrollo histórico del conocimiento y del conocimiento científico en particular desde sus orígenes, hasta la actualidad. Esta comprensión permite profundizar en los cambios que se han generado en los estilos de producir ciencia, desde una visión simplista-empirista y unidimensional hasta lo que en la actualidad de conoce como pensamiento complejo.
Una de las primeras manifestaciones a partir de la cual se puede abordar el concepto de Epistemología desde una perspectiva histórico-filosófica se encuentra representada, en primer lugar, en los sofistas griegos del siglo V Antes de Cristo, quienes cuestionaron la posibilidad de que hubiera un conocimiento fiable y objetivo. En ese sentido, uno de sus principales representantes, Gorgias,  afirmó que “nada puede existir en realidad, que si algo existe no se puede conocer, y que si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar” (citado por Gutiérrez, 2001, p. 17). Otro sofista importante, Protágoras, mantuvo que ninguna opinión de una persona es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia (Ibídem).
Platón, desde la perspectiva del idealismo intentó contestar a los sofistas dando por sentado la existencia de un mundo de formas o ideas, invariables e invisibles, sobre las que es posible adquirir un conocimiento exacto y certero. Mantenía que las cosas que se ven y palpan  “son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en matemáticas y filosofía” (Op. Cit., p. 19). Por consiguiente, de acuerdo a este planteamiento sólo el razonamiento abstracto de esas disciplinas proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes. En esta visión se señala una concepción en la cual la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.

 

 
Por otra parte, Aristóteles aun cuando siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia. El conocimiento se adquiere ya sea por vía directa, con la abstracción de los rasgos que definen a una especie, o de forma indirecta, deduciendo nuevos datos de aquellos ya sabidos, de acuerdo con las reglas de la lógica. La observación cuidadosa y la adhesión estricta a las reglas de la lógica, que por primera vez fueron expuestas de forma sistemática por Aristóteles, ayudarían a superar las trampas teóricas que los sofistas habían expuesto. Las escuelas estoica y epicúrea coincidieron con Aristóteles en que el conocimiento nace de la percepción pero, al contrario que Aristóteles y Platón, mantenían que la filosofía había de ser considerada como una guía práctica para la vida y no como un fin en sí misma.
Después de varios siglos de declive del interés por el conocimiento racional y científico, el Escolasticismo, representado en Tomás de Aquino y otros filósofos de la edad media ayudaron a devolver la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe en un sistema unificado de creencias. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en considerar la percepción como el punto de partida y la lógica como “el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, pero estimó que la fe en la autoridad bíblica era la principal fuente de la creencia religiosa” (Op. Cit., p. 29).
Entre la edad antigua y la edad media se evidencia un inicio y desarrollo de la epistemología en forma incipiente, reduciéndose su evolución a la polémica entre la concepción idealista del conocimiento propuesta en primera instancia por Platón y la concepción materialista señalada por Aristóteles en la edad antigua, aspecto que es confirmado en la filosofía escolástica de Tomas de Aquino, con el componente de la fe religiosa como aspecto distintivo.
En la edad moderna, desde el siglo XVII hasta finales del siglo XIX la cuestión principal en Epistemología consistió en contrastar la razón contra el sentido de percepción como medio para adquirir el conocimiento; es decir, que se mantenía la dicotomía idealismo y materialismo, esta vez bajo las figuras del racionalismo y el empirismo, como dos modalidades de expresión de las formas y estructuras del conocimiento que se proponen a  lo largo del proceso evolutivo de la Epistemología como disciplina analítica de la ciencia.  Para los racionalistas, entre los más destacados el francés René Descartes, el holandés Baruch Spinoza y el alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, la principal fuente y prueba final del conocimiento era el razonamiento deductivo basado en principios evidentes o axiomas. Para los empiristas, empezando por los filósofos ingleses Francis Bacon y John Locke, la fuente principal y prueba última del conocimiento era la percepción .
 

sábado, 1 de agosto de 2015

LA IMPORTANCIA DE LAS PREGUNTAS  DE INVESTIGACIÓN 


Autor: Jesús Guerra G. 





Toda investigación debe partir de una duda, de una falta de información, de un desconocimiento acerca de algo, lo que lleva a plantearse interrogantes que le permitan al investigador buscar las respuestas a las mismas. Este planteamiento constituye el argumento desde el cual se sustenta la formulación de preguntas para la realización de todo proceso de investigación. Aun cuando esta argumentación puede ser fácil de entender y asumida como explicación que justifique el por qué se constituyen como necesarias las interrogantes en las tareas relacionadas con la gestión y ejecución de las indagaciones científicas, se hace necesario abundar en el sentido y  pertinencia de este argumento, así como en las orientaciones prácticas a considerar en su ejecución y es eso lo que se pretende hacer en las próximas líneas. 
Tamayo y Tamayo (2004) justifica la necesidad de plantearse preguntas de investigación de la manera siguiente: 



El hombre como ser racional necesita disponer de explicaciones satisfactorias de los acontecimientos que observa y muy a menudo sucede que para un hecho determinado no se cuenta con la explicación que nos de razón de su ocurrencia. De ahí que se sienta la necesidad imperiosa de encontrarla y comprobarla por medio de una investigación. Pues bien, otra manera de identificar problemas consiste en preguntarnos por la posible explicación que podamos dar a una posibles observaciones (p. 124).

De acuerdo con lo señalado, las preguntas de investigación representan recursos con los cuales el investigador orienta la necesidad de explicación sobre las realidades que observa, constituyendo una forma de darle mayor precisión e identificación al problema, especificando los aspectos que forman parte del mismo y que requieren ser explicados a través de las tareas de indagación que se deberán llevar a cabo.
A partir de una clara identificación y precisión del problema a través de las preguntas de investigación, es posible igualmente abordar con mayor fluidez y claridad aspectos claves en el desarrollo de la actividad indagatoria. Entre esos aspectos se pueden destacar el  marco referencial teórico del estudio y los procesos relacionados con la obtención de los datos e informaciones.



 

Con relación al marco teórico, es pertinente la afirmación que realiza Abreu (2012): "un marco teórico que no esté conectado al planteamiento del problema y a las preguntas de investigación no es un marco teórico adecuado a la investigación que se encuentre en curso" (p. 2). La elaboración de un marco teórico coherente y ajustado a la realidad que se quiere investigar depende de su conexión con las preguntas de investigación, pues estas, como ya se ha dicho, representan el modo de identificar y precisar el problema y por lo tanto, especifican sus elementos de tal forma que puedan ser abordados por los conceptos y principios a desarrollar en el marco teórico.
La importancia de orden operativo relacionada con las preguntas de investigación, es expuesta por Bernal (2006) cuando afirma que uno de los requerimientos a considerar para la elaboración de los instrumentos de recolección de datos como el cuestionario es "tener claros, los objetivos, las hipótesis o las preguntas de investigación que va a realizarse" (p. 219). 
Como herramienta de importancia fundamental para la identificación del problema, al igual que las hipótesis y objetivos, las preguntas de investigación permiten determinar cada una de las aristas que lo constituyen y, por tanto, facilitan la elaboración de los indicadores e ítemes de los instrumentos con los cuales se recogerán los datos e informaciones en las investigaciones de campo o los conceptos y categorías a abordar en las fuentes secundarias a emplear en las investigaciones documentales. 







El formular preguntas solo por formularlas no constituye la forma más recomendada para obtener la mayor utilidad de ellas en el proceso de investigación. En ese sentido, es importante considerar las siguientes sugerencias para que tengan realmente pertinencia con lo que se quiere indagar:

  •  No formule preguntas de tal forma que su respuesta sea un simple si o no. Por ejemplo, no pregunte: ¿Ha impactado la violencia en los principales centros urbanos de Venezuela desde el año 1980? Pregunte: ¿Cuál ha sido el impacto de la violencia en los principales centros urbanos de Venezuela desde el año 1980?
  • Evite plantear preguntas dilemáticas tipo ¿El Socialismo aumenta o disminuye la pobreza? Puede preguntar: ¿Qué impacto ha habido en los niveles de pobreza en los países socialistas en el siglo XX?
  • No formule preguntas futurísticas como ¿Puede la biotecnología mejorar la agroindustria en el futuro? Pregunte: ¿Cuáles son las áreas de la agroindustria que pueden mejorar su desempeño a través de la biotecnología en los próximos 05 años?
  • Evite preguntas que indaguen sobre el estado mental de las personas, tal como ¿Por qué Marx pensó que el Comunismo era la idea política correcta?
  • Es importante tener claramente definido y delimitado el problema de investigación antes de formular las preguntas de investigación. Si no ha realizado estos dos pasos previos, no es recomendable hacer ninguna interrogante.
Como complemento a las sugerencias antes expuestas, es importante señalar que el planteamiento correcto de las preguntas de investigación constituye un apoyo al razonamiento lógico, lo que permite tener claro lo que se va a realizar. En ese sentido su redacción: 1) no debe dar cabida a la vaguedad, es decir debe ser lo más concreta y precisa posible; 2) debe dejar claramente evidente lo que se pregunta; tener precisión, es decir ser puntual y exacta; 3) ser completa, es decir contener un adverbio de interrogación, sujeto y predicado. 
Preguntar representa una tarea crucial en la investigación, pues determina en qué medida esta puede desarrollarse de manera coherente, conocer y profundizar en el problema objeto de estudio y las posibles soluciones al mismo. Tener en cuenta esto es fundamental para llevar a cabo un trabajo coherente y ajustado a los parámetros del pensamiento científico. 



 REFERENCIAS 

Abreu, A. (2012). "La relación entre el marco teórico, las preguntas de investigación y objetivos de investigación". Daena: International Journal of Good Conscience 7(2). 174-186. Julio 2012. [En línea]. Disponible en: http://www.spentamexico.org/v7-n2/7%282%29174-186.pdf. 

Bernal, C. (2006). Metodología de la investigación: para administración, economía, humanidades y ciencias sociales. México: Prentice-Hall. Pearson Educación. 

Tamayo y Tamayo, M. (2004). El proceso de la investigación científica. México: Limusa. 







jueves, 25 de junio de 2015

EL PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA EN EL PROCESO DE INVESTIGACIÓN

Autor: Jesús Guerra Garrido








Dentro del proceso de investigación el problema constituye el punto de partida desde el cual se establecen las acciones a desarrollar para ahondar en los elementos constitutivos de la situación real objeto de estudio, a través de la aplicación del aparato teórico del investigador y la ejecución de las actividades de indagación (documental, bibliográfica o de campo), que permitirán generar las respuestas pertinentes a tal situación, así como las posibles alternativas concretas de solución a la misma. 

Con relación a lo que  representa el concepto problema, es pertinente considerar lo que plantean algunos autores, a los fines de alcanzar una mayor precisión acerca de su importancia y significación para emprender toda acción indagatoria dentro de los parámetros del método científico: 

- García (2002) afirma que el problema se traduce en "un vacío de información respecto al objeto de estudio, el desconocimiento de un aspecto, una inconsistencia entre teoría y práctica o una información contradictoria" (p. 32). 

- Ávila (2006) señala que representa "una situación conflictiva en la que es posible identificar los elementos que la causan, cuando esto se logra se tienen elementos para un buen planteamiento del problema, oportunidades y necesidades" (p. 35).

- Tamayo y Tamayo (2004) considera que el problema "es el punto de partida de la investigación. Surge cuando el investigador encuentra una laguna teórica, dentro de un conjunto de datos conocidos. o un hecho no abarcado por una teoría, un tropiezo o un acontecimiento que no encaja dentro de las expectativas en su campo de estudio" (p. 120). 

Las definiciones y descripciones anteriores permiten inferir la importancia que tiene el problema en toda investigación, a la vez que revelan que todo proceso indagatorio tiene su raíz fundamental en una verdadera y clara problematización de la realidad, lo cual implica indicar con precisión los aspectos críticos de la misma, en cuanto a insuficiencia o contradicciones de la información, falta de consistencia entre teoría y práctica respecto a esa realidad, situación conflictiva o insuficiencias teóricas, entre otros. 

En ese sentido el planteamiento correcto del problema de una investigación es un momento clave de su realización, en el sentido de que permite dilucidar la forma como se llevará a cabo la misma, las fuentes bibliográficas y documentales a consultar, el diseño de investigación apropiado, así como las técnicas e instrumentos que permitirán recolectar y procesar los datos e informaciones sobre el tema tratado.

Gómez (2006) señala una serie de consideraciones generales que se deben tener en cuenta para llevar a cabo el planteamiento del problema:

  • El problema debe expresar una relación entre dos o más variables o dejar claramente definido el aspecto de la realidad que se va a explorar. 
  • El problema debe estar formulado claramente y sin ambigüedad. Una vez explicado claramente se puede formular una o más preguntas que indiquen claramente lo que se pretende contestar como resultado de la investigación (por ejemplo: ¿Qué efecto tiene A sobre B? ¿En qué condiciones se desarrolla tal fenómeno? ¿Cómo se relaciona A con B en tal población? 
  • El planteamiento del problema debe implicar la posibilidad de realizar una prueba empírica o una recolección de datos. Es decir, debe debe ser factible de observarse y/o medirse en la realidad.

La mayor o menor claridad con la cual se llegue a plantear el problema va constituir el indicador más elocuente de hasta qué punto se ha llegado a problematizar de manera correcta y concreta a la realidad objeto de estudio y, en consecuencia, en qué medida se podrá llevar a cabo un proceso de investigación donde se aborde con precisión y pertinencia dicha realidad y se generen respuestas igualmente precisas y pertinentes a la o las interrogantes que han surgido del problema planteado.

Complementando lo anterior, es importante anotar que un planteamiento del problema que permita expresar debidamente una problematización de la realidad, en virtud de la cual se logren determinar los aspectos críticos, anómalos, carencias, contradicciones o insuficiencias presentes en dicha realidad, requiere estar sustentado en una sólida contextualización de dicho problema. Dicha contextualización comprende un breve diagnóstico, descripción, análisis y argumentación del problema, que se hace manifiesto en una estructura que va de lo general a lo particular.

A partir de una contextualización sólida del problema, es posible elaborar de manera coherente y precisa las preguntas y los objetivos del estudio, lo que permitirá orientar y dirigir el proceso de investigación, indicando los aspectos a abordar y a analizar para poder dar respuesta a las interrogantes planteadas y generar las posibles alternativas de solución al problema. 


Referencias 

Ávila, H. (2006). Introducción a la metodología de la investigación. Libro electrónico. Recuperado en: www.eudmed.net/libros/2006c/203/

García, F. (2002). La tesis y el trabajo de tesis: recomendaciones metodológicas para la elaboración de los trabajos de tesis. México: Limusa.

Gómez, M. (2006). Introducción a la metodología de la investigación científica. Buenos Aires: Brujas.

Tamayo y Tamayo, M. (2004). El proceso de la investigación científica. México: Limusa. 

LA INVESTIGACIÓN CUALITATIVA  (I) Por : Jesús Guerra Garrido Introducción En los procesos relacionados con la investiga...